Mi peor pesadilla

¡Atención! Si eres miedoso, mejor no sigas leyendo. A continuación vamos a reproducir algunos de vuestros relatos que participaron en el concurso Mi peor pesadilla. Os lo advertimos: la mayoría son escalofriantes.

Ilustración de una anciana terrorífica

Dibujo original de Patricia M (Marchena, Sevilla)

La sonrisa siniestra
de Patricia M. (Marchena, Sevilla).
Íbamos unas amigas y yo por las inmediaciones de mi pueblo. Era un día muy soleado y decidimos dar una vuelta. De pronto, nos topamos con una casa parecida a una iglesia pequeña. Era toda blanca y tenía una torre. Nos acercamos a curiosear y nos pusimos a bromear a ver quién se atrevía a entrar. Yo decidí entrar la primera. La puerta estaba abierta. Las demás me siguieron. Dentro hacía mucho frío. Nos encontrábamos en una sala redonda, con cristaleras de colores y unos pocos bancos como los de las iglesias. Se trataba de una especie de capilla. No se veía otra puerta por ninguna parte. De pronto, salió una vieja no sé de dónde ni por dónde. Llevaba un candil encendido en la mano. Cuando la vi, estaba enfrente de mí. Me miraba y sonreía con un siniestro rostro parecido a una calavera. Era bastante anciana, vestía de negro y gris. Busqué a mis compañeras. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba sola. Volví a mirar a la anciana con mucho miedo, pero cuando vi que no movía los pies al desplazarse, me aterré más. Era como si tuviera ruedas en los pies. Intenté irme a toda prisa, pero las puertas se cerraron y se oscureció todo. Sólo se veía el candil con la vieja que no paraba de reír. Se acercó un poco más. Yo me acurruqué sobre la puerta. El corazón casi se me salía, no podía respirar cuando la mujer empezó a levitar. Subió lentamente hasta alcanzar un metro y medio por lo menos. Al momento, se levantó un fuerte viento y se escucharon unos ruidos como de muchos pájaros. La mujer venía flotando suavemente hacia mí. Quise gritar, pero mi voz había desaparecido y estaba paralizada. Cuando la vieja casi me alcanza no con muy buenas intenciones, desperté de pronto con un salto, como si hubiera caído del techo. Aún despierta no podía respirar, estaba muy nerviosa y tenía mucho miedo.
La cueva del terror, de Arturo C. (Alcoy, Alicante)
Como en cualquier otra pesadilla, el principio siempre es la mejor parte,  pues bien… Estaba en el mejor lugar en el que podría estar un niño: el parque de atracciones. Después de haber montado en unas cuantas atracciones, dejé la mejor para el final. Me puse en la interminable cola de la típica pero horrorosa (para algunos) cueva del terror. Miré hacia la salida de la atracción y observé con atención a todas las personas que lloraban de pánico y miedo. Puesto que estaba casi seguro de que eran de menor edad que la mía  no me preocupé demasiado. Mientras miraba a toda esa gente el tiempo se pasó volando hasta que llegó la hora de entrar. AHÍ EMPEZÓ LA VERDADERA PESADILLA. Desvié la mirada hacia abajo y cuando volví a mirar a la gente que entró conmigo no había absolutamente nadie. Miré al horizonte y pude divisar muy a lo lejos una lucecita blanca que cada vez se acercaba más. Cuando conseguí ver lo que era observé que se trataba de un topo, pero… ¡era GIGANTESCO! Rápidamente empecé a correr pero el topo me atrapó y justo cuando me vi muerto desapareció y me encontré en lo más profundo y oscuro de una selva. Caminé durante un buen rato con la única luz que tenía: la del móvil. Escuché un siseo y otro y otro, y apareció detrás de mí una serpiente que se enrolló en mi cuello. Como noté que me faltaba el aire me desperté y me caí de la cama. Yo también lloré.
Una pesadilla continua, de Sara Belén G. (Rubí, Barcelona).

Una noche tuve una pesadilla: estaba en un museo con unas amigas del colegio. Nosotras mirábamos objetos antiguos de la época de los egipcios. De pronto, se apagaron las luces. No era muy de noche, por tanto podíamos ver, pero no demasiado. Detrás de mí se levantó una figura egipcia. Nos persiguió hasta comerse a una de mis amigas. De pronto, me desperté. Pero lo más extraño es que soñé la misma historia durante tres días seguidos. El último día que soñé, yo era la única superviviente y en ese mismo instante yo corría y me escondía. Pero, al final me comió. Desde entonces, nunca más se repitió ese sueño.

La pisada gigante, Pablo M. (Barcelona).

Si me logro acordar bien, en mi pesadilla había unos monos locos que tenían escopetas y me disparaban. Malherido de los balazos, casi no podía caminar y me tumbé en el suelo. Estaba muy frío. Al cabo de un rato desperté. No sabía dónde estaba. Había nieve y unos pingüinos dándome picotazos en las heridas. Cuestión: ¿dónde estaba? ¿Cómo había llegado hasta allí? Aparte de los pingüinos, había un gran gigante que tenía los pies muy grandes. Era tan alto que no se le veía el rostro. Yo intenté escapar, pero fue imposible: me aplastó y me comió. Me desperté llorando del susto.

Si tú también quieres compartir con nosotros tus más terroríficas pesadillas, tienes la oportunidad de hacerlo a continuación.

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