Piratas de papel

Ilustración clásica de Howard Pyle

¿Has leído alguna novela de piratas? Bueno, a ver, La gran invasión de Ratonia de Geronimo Stilton no se puede considerar como una genuina novela de piratas. Mira, hacemos una cosa, repasamos un poco la presencia de los filibusteros en la literatura y así compruebas si has leído algún clásico bucanero o no. Y, por supuesto, aprovechas para apuntarte como “pendientes de leer” todas aquellas obras que te parezcan interesantes. ¿Vamos allá, grumete?

La novela de aventuras enseguida se fijó en el fenómeno de la piratería. Un año después de publicar la célebre historia de Robinson Crusoe, Daniel Defoe presentó El capitán Singleton (1720), un relato que se podía leer en una época en la que los auténticos piratas aún navegaban por las aguas del Caribe.

Jackie Cooper y Wallace Beery en una de las primeras versiones cinematográficas de La isla del tesoro (1934).

Sin embargo, la figura del pirata no la popularizó en un principio tanto la novela sino la poesía. El famoso poeta inglés Lord Byron fue el responsable de contruir la imagen del pirata justiciero y romántico, casi al estilo de Robin Hood, en un poema titulado El Corsario (1814), que tuvo un enorme éxito. Aquí tienes una pequeña parte del poema:

En nocturno festín celebra ufano
   Selim-pachá la próxima victoria  
en que al corsario arrancará cautivo  
del hondo nido de sus negras rocas.  
Él lo ha jurado por Alá y su alfanje,  
y ha de cumplirlo. Las vecinas costas  
cubren las naves de doquier venidas,  
y los marinos con canciones roncas  
hieren los aires, celebrando alegres  
la rica presa y la cercana gloria.  
Ya se reparten fáciles cautivos,  
y con desprecio a sus contrarios nombran;  
los centinelas duermen descuidados  
y al enemigo en sueños lo derrotan.

El actor Errol Flynn en la más célebre adaptación al cine de El capitán Blood (1935), prototipo de pirata noble y romántico.

Lord Byron fue uno de los más conocidos representantes del Romanticismo, un movimiento cultural que le daba prioridad a los sentimientos por encima de cualquier otra cosa. El Romanticismo también llegó a España y entre sus representantes más populares estuvo José Espronceda, un escritor que también le dedicó una célebre poesía al fenómeno de la piratería: Canción del pirata. Quizás hasta te suenen estas estrofas:

Con diez cañones por banda,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino vuela
un velero bergantín.
Bajel pirata que llaman,
por su bravura, el Temido,
en todo mar conocido
del uno al otro confín.

Luego sí, fue el turno de la narrativa. Llegó todo un maestro, Robert L. Stevenson, y escribió la que para la mayoría es la mejor novela de piratas de todos los tiempos: La isla del tesoro (1881), un libro que, si no lo has leído todavía, tienes que leerlo porque te lo vas a pasar genial. Sí, sí, existe la versión de Geronimo Stilton, pero seguro que difrutarás mucho también con la original, siguiendo las aventuras de Jim Hawkins y del inquietante Long John Silver.

Cuando parecía que ya nada iba a ser lo mismo después de La isla del tesoro, llegó el bueno de Emilio Salgari y volvió a revolucionar el género con un ciclo de novelas de aventuras puras y duras protagonizadas por un pirata que llevaba el sugerente nombre de el Corsario Negro. El padre literario de Sandokán (otro pirata, aunque de carácter más exótico) completó una saga compuesta por los siguientes títulos: El Corsario Negro (1898), La reina de los Caribes (1901), Yolanda, la hija del Corsario Negro (1905), El hijo del Corsario Rojo (1908) y Los últimos filibusteros (1908). La creación de Salgari narra la historia de tres hermanos, apodados respectivamente como el Corsario Negro, el Corsario Verde y el Corsario Rojo, que se ven enfrentados al poderoso y malvado noble Wan Guld.

Y las buenas novelas de piratas no se acabaron ahí. Otro escritor, en este caso especializado en los relatos de «capa y espada», Rafael Sabatini, contribuyó también de forma decisiva a enriquecer el género con El capitán Blood (1922), la clásica historia del joven que se ve obligado a convertirse en pirata por las injusticias de los poderosos. Pese a ser quizá su obra más emblemática junto a la del espadachín Scaramouche, Sabatini también publicó otras obras no menos interesantes protagonizadas por bucaneros y corsarios, como El halcón del mar (1915) y El cisne negro (1932), dos clásicos que alcanzaron gran popularidad sobre todo cuando Hollywood las llevó al cine.

Junto a estas obras, que podríamos considerar de lo mejorcito que se ha escrito sobre piratas, aún se pueden añadir otros títulos mucho más recientes que seguramente ya conocerás: Escuela de piratas, la serie Vampiratas, Polly y los piratas o El pirata Garrapata.

El actor Jason Isaacs como el temible capitán Garfio de la versión moderna de Peter Pan: la gran aventura (2003).

Pero, con permiso de Long John Silver de La isla del tesoro, quizá el pirata más memorable de la literatura sea ese diabólico y a la vez casi entrañable Capitán Garfio, enemigo eterno de Peter Pan (1911), el mágico personaje ideado por J. M. Barrie.

Y hasta aquí nuestra crónica sobre los piratas literarios. Ahora tienes dos opciones: o correr en busca de una buena novela de bucaneros para devorarla, o contarnos qué libros has leído tú en los que salgan piratas. ¿Qué te apetece más?

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