Aldente y el caso del ratoncito. Capítulo 2: “El Dragoncito Pérez”

Nerea R. (Ubrique, Cádiz)

Después de estrenar mi gabardina de verano, que básicamente se diferencia de la de invierno en que no tiene mangas y es más corta, me puse manos a la obra.

Cualquier detective sabe que para encontrar a alguien, primero tienes que conocerlo lo mejor posible. Así que me pregunté: “¿Quién me podría contar algo del Ratoncito Pérez?”. Al tratarse de un ratón al que le gusta coleccionar dientes, enseguida se me vino a la cabeza el nombre del mejor dentista de la ciudad: Diente de Ajo.

Hubiera preferido ir a visitarle con Magdalena Morena, pero justo ese día lo había pedido libre para hacer una gestión personal importante: ir a la playa a tomar el sol. La verdad es que Magda eso de estar siempre morena se lo toma muy en serio. El caso es que me tuve que llevar a Robotijo hasta la consulta de Diente de Ajo y, a pesar de las protestas del robot, le pedí al doctor que le pusiera unos brackets metálicos para que le quedaran mejor alineadas las tuercas de la boca.
-Doctor Diente de Ajo -dije pillando al dentista desprevenido-, ¿usted conoce el origen del Ratoncito Pérez?
-Claro, se trata de una leyenda muy antigua.
-Así que una leyenda… Mmm, bien.
-Creo recordar que fue el mago Merlín quien tuvo la idea de que los niños recibieran un pequeño detalle al perder los primeros dientes.
-Pero el mago Merlín, ¿no es de la época del Rey Arturo y los caballeros de la mesa redonda?
-Correcto, Macarrón.

Tomás I. (A Coruña)

El doctor Diente de Ajo tuvo que interrumpir un momento sus explicaciones, ya que Robotijo había levantado una mano en señal de molestia. En cuanto el dentista lo solucionó, continuó hablando:
-Verás, Merlín le dio poderes mágicos a un dragón para que fuera por todo el mundo recogiendo los dientes de los niños y para que les dejara a cambio un obsequio. El elegido tenía por nombre Dragoncito Pérez.
-¿Era muy pequeño? Lo digo por lo de “Dragoncito”.
-No, al contrario. Le llamaban así en broma porque en realidad era enorme. Gordísimo.
-¡Caramba! Eso me recuerda a mi compañero de colegio, Meloncito Verde. No sabe usted qué cabezón tenía, doctor.
-Sí, pues Dragoncito Pérez era inmenso. De ahí que su misión de ir por las noches en busca de los dientes recién caídos fuera un completo fracaso: en unos casos, ni siquiera lograba entrar en las casas. En otros, lo tiraba todo armando un estruendo enorme. Y, en todos, despertaba a los niños, que gritaban aterrorizados al encontrar semejante dragón en su dormitorio.
-¿Y qué ocurrió entonces? -pregunté yo mientras anotaba las palabras del dentista en mi libreta.
-Pues Merlín tuvo que pedir la jubilación anticipada para Dragoncito Pérez y pasarle el empleo a un familiar. Eso sí, de un tamaño mucho menor: Ratoncito Pérez.

Salimos de la consulta del doctor Diente de Ajo muy satisfechos. A Robotijo le encantaban sus nuevos brackets y yo ya había conseguido una información esencial sobre ese Rantoncito Pérez: se trataba de un ratón que debía ser bastante viejete al parecer.

CONTINUARÁ…

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