Aldente y el caso del ratoncito. Capítulo 4: “Una magdalena en una escoba”

Pablo M (Barcelona)

Cuando llegué a la oficina, lancé el sombrero hacia el perchero y me dejé caer en la silla giratoria. Mientras contemplaba la ciudad, meditaba sobre el camino a seguir en la investigación. Ese Ratoncito Pérez no me lo estaba poniendo nada fácil.
-¡Yujuu, Al! ¿Estás ahí?
Era la inconfundible voz de Magdalena Morena, mi ayudante. Llegaba de la playa, aún con el bikini puesto. O había estado demasiado tiempo bajo el sol o en la oficina faltaba luz porque a mí me pareció verla más morena que nunca.

-Pensaba que habías empezado ya las vacaciones.
-Oh, Al… ¡Cómo eres! Si sólo he estado un ratito tomando el sol para relajarme. A ti también te iría bien. Te noto un poco tenso. ¿Algo te preocupa, Mac?

Magda tenía la mala costumbre de llamarme por la primera sílaba de mi nombre o de mi apellido. No me gustaba nada. Pero a ella se lo consentía. A otro cualquiera le hubiera hecho tragarse sus palabras con una buena ración de tortas.

Ruben H. (Paterna, Valencia)

Cuando le expliqué a Magda el caso del Ratoncito Pérez, me propuso ir a consultar a su tía Magdalena Potter. Si alguien dominaba el tema de la magia en la ciudad, era ella. Y como parecía que el ratón ese tenía algo de mago… acepté la sugerencia.
-Me cambio y nos vamos -dijo Magda.
-Mejor me voy adelantando yo -comenté, acordándome de que el tiempo medio que tarda Magda en prepararse para salir a la calle ronda las dos horas.

En casa de Magdalena Potter parecía no haber nadie. Ya me iba a marchar cuando oí el sonido de un motor con pulmonía. ¡Qué manera de toser! Enseguida comprendí que era el motor de la vieja escoba voladora de la tía de Magda. ¡Menuda bruja!

-¿Usted conoce a alguien llamado Ratoncito Pérez? -dije sin perder un segundo.
-¿Es mago? -preguntó a su vez la bruja aparcando su escoba.
-Eso parece.
-No me suena haberlo visto en Hogwarts.
-Quizá no estudió allí -comenté.
-Si es mago, tuvo que pasar por Hogwarts -insistió la bruja.
-No sé, tal vez no lo dejaran entrar por bajito y tuviera que ir a la Escuela Oficial de Magia de Roedores.
-¿Se cree usted muy gracioso, detective? -me dijo Magdalena Potter con una mirada de esas que parece que te está deseando siete años de mala suerte.

Alba G (Valladolid)

Me disculpé antes de que me lanzara un hechizo y le expliqué al detalle mi interés por localizar al escurridizo Ratoncito Pérez. La magdalena levantó una ceja con desprecio y se puso a trabajar en su laboratorio, que olía peor que los tornillos del pie de Robotijo.

-Mire, señor detective. Ahora estoy muy ocupada. Tengo que preparar mi ungüento para las berrugas. Lo único que puedo decirle es que ese ratón no ha pasado por Hogwarts. Y si no ha pasado por Hogwarts, quiere decir que no es mago.
-Bien, señora Potter. Creo que capto lo que me quiere sugerir. Quizá ese ratón no sea mago.

Después de conocer esta interesante aportación de la bruja, opté por regresar a la oficina andando. Al fin y al cabo, por dos calles tampoco merecía la pena esperar el autobús. Cuando llegué, Magdalena Morena aún se estaba cambiando.

CONTINUARÁ…

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