Aldente y el caso del ratoncito. Capítulo 5: “Invasión alienígena”

Andreu A. (La Sénia, Tarragona)

Seguía con el caso del Ratoncito Pérez y no avanzaba demasiado en mis investigaciones. Estaba claro que ese roedor era de lo más escurridizo. Todos los niños habían oído hablar de él, pero ninguno había logrado verlo con sus propios ojos. Para intentar ver las cosas con mayor claridad, decidí ir a hacer un poco de deporte con Robotijo al Bosque de los Olmos Tristes. ¡No hay nada como la actividad física para aclarar las ideas! En cuanto llegamos, yo me senté a la sombra de un olmo con un refresco mientras Robotijo corría por los dos. Iba a empezar a pensar en mis cosas cuando una extraña luz me deslumbró. Me di cuenta de que Robotijo se había quedado más parado que un Frigodedo. Supuse que quizá se le habría enganchado un tornillo del pie en la hierba, pero luego observé que estaba completamente desenchufado. ¡Qué extraño!

Pepe V (Huelva)

Sin que me apeteciese demasiado, la verdad, me levanté para saber qué estaba ocurriendo en el Bosque de los Olmos Tristes. Y nada más hacerlo me encontré con un enorme huevo de colores que, sin lugar a dudas, era de procedencia extraterrestre. Al aproximarme, se abrió de forma automática una portezuela y apareció ante mí una extraña criatura con aspecto de lagarto, aunque con muchos colorines, que me miró con curiosidad.
-Saludos, terrícola -empezó a hablar con una voz temblorosa, como la que te sale al querer cantar debajo de una ducha fría-. Me llamo Gorb X2 Fussion.
Su nombre me resultó familiar y enseguida comprendí la razón: se parecía mucho al de mi espuma de afeitar.
-Tanto gusto, Gorby -le correspondí al saludo para demostrar mi buena educación-. Yo soy Aldente. Macarrón Aldente, detective privado.
-Señor Aldente, queda usted bajo el control de las fuerzas de Gorb. Venimos desde nuestro planeta con intención de conquistar la Tierra y esclavizar a los terrícolas para ponerlos a trabajar en nuestros huertos de cebollas espaciales.

Alicia R (Zaragoza)

Dos tortas. Como lo oyes. Quizá pueda parecer una respuesta excesivamente contundente. Pero ya me lo había advertido mi tío Fideo Napolitano: “Sobrino mío, si en alguna ocasión te las tienes que ver con un extraterrestre invasor, no negocies. Son muy traicioneros”. Y oye, mano de santo. Gorb X2 Fussion recibió las dos tortas y empezó a retroceder hacia su nave.
-Si no le parece bien la idea de la invasión, me retiro -anunció el extraterrestre.
-No te lo tomes a mal, Gorby. Pero lo de trabajar en un huerto de cebollas espaciales no es como para llenarle de alegría a nadie.
-Me iré en busca de otro planeta.
-Un momento, Gorby -de pronto se me vino una idea a la cabeza-. Quería preguntarte algo: ¿no será de tu planeta un tipo que se hace llamar Ratoncito Pérez?
-Consultaré mi base de datos interplanetaria -dijo mientras sacaba una extraña máquina del tamaño de un guisante-. Aparece un Gorb Y7 Rodríguez, pero por Pérez no me viene nada.
-Bueno, da igual. Era sólo por preguntar.
Gorby se metió en su nave y salió de nuestro sistema solar a toda pastilla. Yo reinicié a Robotijo y le propuse que siguiera corriendo un poco. Al fin y al cabo, habíamos hecho poco deporte, yo tenía mi refresco por la mitad y aún debía aclarar un poco mis ideas respecto al Ratoncito Pérez.

CONTINUARÁ…

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